Los billetes de avión desinteresados.

Un día al llegar a casa después de trabajar, me dice PichonDesinteresado que había comprado unos billetes de avión por Internet hacía diez minutos, y tenía ya la pantalla de confirmación de compra.

– ¿Que tengo que hacer ahora?
– ¿Como que qué tienes que hacer ahora? ¿Hacer de qué?
– Pues para tener los billetes.
– Pero si has sido tu la que los ha comprado, yo que se que tienes que hacer.-Por una vez era bastante cierto. Solo he comprado billetes de avión una vez con cryanair, y acabé con la cabeza dando vueltas. Desde entonces no he tenido que volver a viajar en avión.
– Tu eres el informático, seguro que tu sabes lo que tienes que hacer.-Ganas de matar aumentando…
– Pues no, no lo se, pero como mínimo deberías mirar tu e-mail para ver que te haya llegado la confirmación, y puede que ahí tengas mas instrucciones.
– Ah vale. Pero es que no me acuerdo de la contraseña de mi correo.
– ¿Como que no te acuerdas? Acabas de poner tu dirección de correo electrónico para comprar los billetes ¿Y me estás diciendo que no te acuerdas? Tu contraseña del e-mail es como tu DNI, te lo tienes que saber, y punto.
– Ya, pero es que no lo uso, a mi el e-mail no me interesa, no ves que no lo uso nunca.
– ¿Como que no lo usas nunca? ¿Y entonces que leches acabas de poner para comprar los billetes? ¿El nombre de la peluquería a donde vas?
– Ay déjame en paz, yo he puesto mi dirección, pero solamente porque me la pedían y nada más.-Uffff Señor dame fuerzas, porque la paciencia está claro que no me vale de nada, y no tengo la suficiente fuerza para darle una hostia como se merece.
– Mira, tienes suerte de que yo si me acuerde de tu contraseña, porque sino lo llevarías claro.

Meto su contraseña en el correo después de seguir discutiendo un poco más sobre que debería acordarse de ella porque es muy importante y blablabla

– Pues oye, aquí en el correo no hay nada.
– Mira la pantalla de confirmación, porque te aseguro que lo he comprado.

Miro la maldita pantallita de confirmación… y me empiezan a entrar los siete males, echar humo por las orejas, la cabeza empieza a darme vueltas tanto, que la niña del exorcista seria una novata a mi lado.

– ¿Pero que coño has hecho? ¿Tu has visto la dirección de e-mail que has puesto? ¿A qué no? ¿Tu dirección es pichondesinteresado58@gmail.com?
– Si, claro que es mi dirección de e-mail.
– ¿Seguro? ¿Acaso has mirado cual es exactamente antes de escribirla?
– Si, la he mirado.
– Pues me da a mi, que va a ser que no la has mirado.
– ¡Que si que la he mirado!
– Ya te digo yo a ti que no.
– ¡Que si!
– Vuelve a mirarla donde la tengas apuntada por favor.

Vuelve a sacar su móvil Android donde la tiene para poder usar todo lo relacionado con el. Y luego dice que no la usa para nada, claro, solamente que tu móvil se base en ella para cada cosa que te descargues o que hagas, es no usarla para nada…

– Mira, el email es pichondesinteresado1958@gmail.com
– Ajám, vale, ¿Y no ves nada raro?
– Pues no, está bien.
– Ya. Esto… ¡¡¿Podrías mirar lo que pone en la puñetera página de confirmación?!!
– Pone lo mis… ostras, me he saltado dos numeritos.
– ¿No jodas? Pero si me habías jurado y perjurado que la habías mirado.
– Pues la miré, pero la miré mal.

Se acabó, hasta aquí ha llegado toda mi paciencia. Hora del adoctrinamiento por las malas.

– Pues te has quedado sin billetes, si pones mal los datos no pueden mandarte lo necesario, así que mala suerte.
– ¿Que dices? Pero si me ha costado chorrocientos euros ¿Los he perdido?
– Me temo que si. Si no te interesan tus datos, a ellos les va a interesar menos todavía.
– ¿Pero que hago ahora? Si tengo que irme pasado mañana, que voy a hacer…
– Tu sabrás, tu has comprado los billetes, no yo.
– Y que hago ahora, que hago…

Creo que que se tiró como veinte minutos repitiendo la frase «que hago» de forma desesperada. Y mientras yo por detrás como la conciencia, diciéndole que tiene que acordarse de su e-mail y su contraseña, porque lo va a necesitar hasta para ir el baño.

Después de ese rato, en el que parecía que PichonDesinsteresado iba a implosionar, le dejo la solución mas obvia, que ya tenia que haber encontrado por si mismo sin tener que pensar mucho, pero que por supuesto ni se le había pasado por la cabeza.

– Busca el teléfono de atención al cliente, le das tus datos, y les dices que te cambien el e-mail al correcto.
– ¿Y donde encuentro el teléfono?-Inspirar, espirar, inspirar, espirar. Autocontrol, esa es la clave, autocontrol.
– ¿Donde has comprado los billetes?
– En la página comprobilletescaros.com
– ¿Y no se te ha pasado por la cabeza que a lo mejor en esa misma página, viene el número de teléfono?
– Ah, pues no había caído.-¡¡INSPIRAR!!, ¡¡ESPIRAR!!, ¡¡INSPIRAR!!, ¡¡ESPIRAR!!
– Oye que no lo encuentro ¿Seguro que el número está en la página?
– ¡Quita de en medio PichonDesinsteresado! ¡Aléjate inmediatamente del teclado y el ratón! ¡Mira! He tardado segundo y medio en encontrarlo, bien grande que está además
– Ay déjame en paz, pues no lo he visto nooo.
– Ya, creo que lo de LEER, deberían habértelo enseñado hace tiempo en el colegio.

Después de 15 minutos hablando con atención el cliente, consiguen cambiarle el e-mail en la compra, y le reenvían la confirmación al correo. Resulta que en ese correo no vienen ni billetes ni nada, solo con ir al mostrador y enseñar el DNI, ya te daban los billetes. Y si no tienes que facturar, podías hacer el check-in online unos días antes. Total, que el e-mail que le mandaron sirvió para mas bien poco.

Por supuesto después, me soltó la frase típica «pues vaya informático de mierda estás hecho» cuando vio que el e-mail no sirvió para nada realmente. Por suerte ya estoy más que acostumbrado a esto, y respondo casi siempre igual: Pues el informático de mierda, es el que te ha salvado el culo.

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